martes, agosto 9

acedia acedia acedia

No es casualidad que en el humo ya no te enredes. De hecho, creo que lo más sano que pude haber hecho fue querer olvidarme de vos con burguesía barata y amor conformista.

Hay veces en las que me acuerdo de Nazca y Gaona, y no puedo evitar sentir adentro mío la felicidad que yo sentía cuando caminaba esas cuadras de tu mano. No había nada más bello en el mundo para mí que proclamarme tuya. Y hoy, con dedos furiosos y lágrimas que me rozan las pantorrillas, debo confesar que estoy feliz de que aquello haya acabado aunque la nostalgia me fagocite el cuerpo. Me siento así porque conocí el amor al lado de un Mago.

Y ni siquiera estoy preparada para escribir esto, pero nunca me imaginé que alguien en el mundo iba a amarme así. Y yo nunca pensé que iba a poder a amar a alguien de la forma en la que te amé.

Hoy estás mi amor, en mi corazón. Acá dentro. Latís cada vez que respiro. Yo sé que no te fuiste, pero cada día que pasa tu cara se va borrando de los suburbios de mi alma. Incansablemente estás presente, pero cada vez menos.

Y la verdad es que no entiendo si aquello me pone feliz o triste. Pero sé que si yo hubiese querido que fuera distinto, habría accionado acorde a ese deseo.

Y todo en esta vida crece. Y cuando se crece, se dice adiós.


Estoy cansada. Cansada de dudar. Cansada de pensar y no sentir. Cansada de recordar. Cansada de elegir.

Cansada de querer que las cosas funcionen.
Cansada de que mi veneno arruine todo.
Cansada de no poder hablar.
Cansada de no poder ser consciente.
Cansada de no poder ser.

Cansada de estar atada al pasado.
Cansada de estar atada al puterío social.
Cansada de estar
Atada
A los deseos ajenos.


Cansada de no poder pensar en mis necesidades.
Cansada de querer ver tus ojos verdes.
Cansada de necesitar ser una nena y necesitar que me abracen. Todo el día, toda la noche.
Cansada de querer llorar.
Cansada de mí.

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